EDITORIAL

Miércoles 28 de Octubre de 2009

 
Monumento de Juan Pablo II

Cristina Felsenhardt R. Señor Director:

En primer lugar, agradezco al decano de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián por responder tan prontamente a mis opiniones, emitidas en Cartas al Director del 23 de octubre. Encuentro muy positivo el canal de participación ciudadana que abre su columna, por lo que me permito responder dicha carta que comenta mis impresiones allí emitidas.

El tono sarcástico de los comentarios que se hacen de mi carta no ayuda a la comprensión de la respuesta. Los hechos enumerados por mí, referentes a la estatua de Juan Pablo II frente a la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile, sólo pretenden ir esclareciendo más la problemática urbana que provoca y reflexionar frente a las acciones que nos atañen a todos los que amamos la ciudad de Santiago.

En mi carta sólo constato hechos irrebatibles a simple vista y que no han sido ni podrían ser argumentados contrariamente: que el lugar es un espacio público señero de la ciudad de Santiago; que la Universidad de Chile es un ente laico, por lo que su relación con el personaje, por cierto extremadamente respetable, pero identificado con un credo específico, es probablemente lejana; que la feria existente es de mala calidad arquitectónica; que la escala de la plaza debe ser respetada, rescatando su carácter y estado, y que ya es tiempo para consultas a la comunidad, previas a los procesos de proyectar, y no exposiciones de proyectos en su calidad de hechos consumados.

En relación con la respuesta del señor decano, no puedo más que alegrarme si el tema queda finalmente en manos de Monumentos Nacionales, que no sólo deben recomendar, sino tener la última palabra en los temas patrimoniales.

En cuanto a la operatividad de este tipo de proyectos, a la cual alude el señor decano como justificación, es que los procedimientos y las decisiones no parecen haber sido tomados y revisados a la luz de la madurez que está experimentando la sociedad chilena, que reclama hoy el justo derecho de opinar antes del desmantelamiento de preexistencias históricas que, aun de calidad efímera, son las que mantienen vivo el recuerdo de tiempos pretéritos de este país. Se entiende, o debe entender, que una consulta previa al proyecto no tiene nada que ver con una exposición posterior al proceso de diseño, donde la suerte de los lugares está echada.

Si el señor decano quiere explicar los conceptos así expuestos no sólo a mí, sino a muchos lectores de "El Mercurio", todos estaremos más que agradecidos.

En cuanto a los restantes comentarios del señor decano, considero que no vale la pena dedicarse a los vanos dimes y diretes personales.

CRISTINA FELSENHARDT R.Profesora TitularEscuela de ArquitecturaPUC y Universidad Finis Terrae

 


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